Mi amigo Alexis (precaución, hay spoilers)
- El juego de la pelota

- 16 oct 2019
- 3 Min. de lectura
En la plataforma de streaming “Netflix” se encuentra disponible una película llamada “Mi amigo Alexis”. Filme que trata básicamente de la relación que entabla la gran súper estrella chilena Alexis Sánchez y un joven de 12 años a quien su padre lo presiona para ser futbolista.
Más allá de la crítica que podemos hacer respecto de este filme, en cuanto a producción, protagonistas o guion, lo que realmente me llamó la atención fue el tema de la presión que hacen los padres en la búsqueda de que sus hijos sean estrellas del futbol y así aspirar a la potencial mejoría económica familiar.
No hay duda de que dedicarse al futbol, siendo hábil en el juego de la pelota, puede ser mucho, pero mucho más rentable que estudiar una carrera universitaria y ejercerla, pero, ¿qué tanto podemos presionar a nuestros hijos para que logren el sueño de ser futbolista? ¿Es su sueño o el nuestro?
En el filme en cuestión, el padre, un exfutbolista amateur que vio truncado sus sueños de llegar a primera por haberse lesionado en un accidente vehicular mientras manejaba alcoholizado, presiona a su menor hijo para que cumpla las expectativas de ser futbolista. Él ve potencial en su hijo y por supuesto, ve en él la posibilidad de salir de la pobreza en que se encuentra hundida su familia.
El joven, es un muchacho de 12 años, con gran afición al juego de la pelota, lo conoce, le sabe, y disfruta mucho jugando con sus amigos y su hermana, quien por cierto, ella sí quiere ser profesional.
Hay un problema con el joven “Tito”. No quiere jugar al futbol como empleo, quiere disfrutarlo y seguir jugando con sus amigos, en el llano. Él más bien quiere ser arquitecto, le gusta dibujar y sueña con algún día hacerle su casa a su familia con sus propias manos.
La presión es constante, su padre, le consigue visorías, lo promueve e incluso lo obliga a jugar con muchachos mayores que él. Tito, quien recién acaba de entablar amistad con el astro chileno Alexis Sánchez, aprovecha esa amistad y en un afán de darle gusto a su padre, le pide consejos al futbolista quien, sin más, le apoya enviándole videos de cómo trabajar para las pruebas.
La presión llega al límite. Tito no puede contra muchachos mayores que él, no disfruta jugar así, la presión es enorme viendo cómo su padre se enoja por su funcionamiento en el campo, cómo le grita y profiere insultos al por mayor. Así no puede jugar él, simplemente deja de ser un “juego”.
Finalmente, y después de varias peripecias, Alexis Sánchez le da un consejo personal al padre de Tito, le afirma que a él jamás lo obligaron a jugar, que su madre en ningún momento le obligó a entrenar, a jugar, a buscar ser profesional; que él luchó por su sueño, porque quería llegar a ser futbolista profesional, pero que jamás le obligaron a serlo.
Este es el punto sustancial de la película.
No podemos negar que el futbol es una puerta apetecible para cualquier familia que tiene en su seno a un niño o niña con cualidades de futbolista, sin embargo, la presión a los infantes desnaturaliza el juego, lo hace ser un empleo, lo hace ser aburrido, lo hace propenso al fracaso.
No puedo dejar de pensar en aquél momento en que mi hijo salió llorando después de un mal partido, en el que incluso su equipo ganó el encuentro.
Le hice saber que en el momento que dejara de disfrutar sus minutos en el campo, ya no sería posible continuar con su sueño. Que finalmente el futbol es un juego y que se parece mucho a la vida misma. Si dejamos de disfrutar lo que hacemos de manera rutinaria, nuestra vida se torna aburrida, pesada y sin sentido, hacemos lo que hacemos por obligación, por hacer llegar el sustento a nuestro hogar. En el futbol pasa exactamente lo mismo, si el niño o niña deja de disfrutar lo que le apasiona, el juego de la pelota ya no será eso, ya no será juego sino una obligación. Asistirá a los partidos con miedo, con frustración, con aburrimiento.
Dejemos a nuestras niñas y niños disfrutar de su momento, apoyemos para que logren sus metas, orientémoslos a seguir un camino de bien que a ellos les de herramientas suficientes para seguir adelante. Digámosles que la vida es como el juego de la pelota, que hay que saber disfrutarla. ¿O no?





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